Bioacústica, bioelectricidad y ADN
Una historia de armonía. En el imenso océano de sabiduría humana, todos comprendemos sin que nadie nos lo haya explicado, que la música puede inducir …
Una historia de armonía. En el imenso océano de sabiduría humana, todos comprendemos sin que nadie nos lo haya explicado, que la música puede inducir …
A muchos biólogos, o quizás sea mas exacto referirnos a ciertos biólogos, nos produce una gran inquietud la deriva, al parecer irreversible, que está tomando la investigación biológica. Transformada en “gran Ciencia”, está pasando de ser fundamentalmente una parsimoniosa actividad realizada en mas o menos modestos laboratorios entre animales, plantas, microorganismos y libros a una vertiginosa carrera competitiva llevada a cabo en complejas instalaciones dotadas de costosísimos y sofisticados aparatos destinados a descifrar y manipular apremiantemente los secretos de la vida.
Tal ha sido la codicia por patentar y comercializar todo aquello relacionado con la genética, que nos hemos olvidado del conocimiento. Nuestra tímida incursión en la maravillosa complejidad de la vida, ha derivado en macro experimento de inoculación.
La palabra teleología es de origen griego y significa “el propósito, fin o ciencia” de las cosas. Cuando uno observa la vida, estudia sus estructuras, su funcionamiento, descubre que en los organismos rige una maravillosa complejidad, un sentido biológico. Ese proceso llamado cáncer, en realidad tiene un sentido biológico y no es la muerte.
¿Qué son los genes? ¿Qué idea se ha implantado (nos han implantado) a los científicos y a la sociedad sobre el carácter de la herencia de nuestros rasgos físicos, de nuestra naturaleza, incluso de nuestro comportamiento? Es decir, ahí, en el ADN, está todo lo que somos, desde nuestro aspecto hasta nuestro cerebro.
El ácido ribonucleico (ARN), ha tenido un protagonismo sin igual en los últimos años. Ha sido la gran apuesta de las farmacéuticas como vehículo de tratamiento y prevención del famoso COVID 19, una enfermedad inventada de la que se puede morir y ser asintomático con cientos de síntomas diferentes, englobados por un positivo en una prueba muy conocida porque nos robó la libertad como seres vivos.
Las nuevas técnicas genéticas han desbaratado la vieja concepción de “gen” y, sobre todo, el binomio un gen-un carácter en el que se sustentaba la base teórica de la Biología desde el “redescubrimiento” de las leyes de Mendel. El gen también ha sufrido su particular metamorfosis y ha pasado de ser una supuesta entidad responsable directa de un carácter fenotípico, ya sea morfológico, fisiológico o, incluso, de comportamiento.
La diversidad de los cultivos de todo el Mundo se está reduciendo a un ritmo de “extinción masiva”. Según informes de la FAO, en el último siglo se ha perdido el 75% de las variedades agrícolas que se cultivaban habitualmente. Desde el punto de vista ecológico, la pérdida de variedad en cultivos disminuye la capacidad de resistencia y adaptación a los cambios climáticos y a las enfermedades.
¿Cómo se forma un ser vivo? ¿Cuál es el origen de su génesis? Pues sin duda alguna el desarrollo embrionario. Es durante ésta y no otra, la etapa de la vida en la que a partir de una célula del padre y una de la madre, comienza el increíble proceso de formación de un ser vivo, que acabará siendo viable y colonizando nuestro mundo.
La idea de los genes como cuentas en una cadena de ADN se está desvaneciendo rápidamente. Las secuencias de codificación de proteínas no tienen un comienzo ni un final claros y el ARN es una parte clave del paquete de información […]. Cuanto más expertos se vuelven los científicos en genética molecular, menos fácil es estar seguro de qué es realmente un gen, si es que lo es.